La planta del mes: Aiphanes horrida
Llegamos a mediados de febrero, un mes en el que una celebración extranjera suele acaparar la atención. Sin embargo, desde GEOBOTA preferimos centrar la mirada en lo nuestro, en aquellas especies que hacen parte de la riqueza biológica y cultural de nuestras tierras.
En esta ocasión lo hacemos, además, de la mano de una colaboración especial con la ilustradora y diseñadora gráfica Adriana Sanín (@adrianasaninilustradora), cuya interpretación artística acompaña esta edición de la Planta del Mes.

Nuestra protagonista es Aiphanes horrida (Jacq.) Burret, una palma nativa de la familia Arecaceae, que habita bosques desde el nivel del mar hasta aproximadamente los 2000 m s. n. m. Es conocida por diversos nombres comunes: mararay, corozo, corozo rojo y corozo chiquito, entre otros.
Su epíteto específico, horrida, no significa “horrible”. Proviene del latín horridus, que puede traducirse como “erizado” o “terrible por sus espinas”, una descripción bastante precisa si observamos su morfología. El tallo y las hojas están densamente cubiertos de espinas, rasgo que le ha valido el nombre popular de “palma de hierro”, mencionado en crónicas coloniales y relatos orales de comunidades del Pacífico colombiano.
Usos etnobotánicos
La estrecha relación entre esta especie y las comunidades locales se refleja en la diversidad de usos registrados:
Alimenticio: la pulpa del fruto es rica en vitamina A y carotenoides, y puede consumirse fresca o cocida. La semilla también puede tostarse y comerse como nuez, con un sabor similar al coco.
Construcción y herramientas: su tallo es extremadamente resistente y ha sido utilizado en la fabricación de macanas, bastones, estructuras para techos y paredes en viviendas rurales.
Artesanal: las semillas duras, fáciles de pulir, se emplean en la elaboración de collares, amuletos y botones.

Valor ecológico y ornamental
Más allá de sus usos tradicionales, Aiphanes horrida destaca por su valor ecológico. Sus llamativas flores amarillas atraen numerosos polinizadores, lo que la convierte en una especie relevante dentro de los ecosistemas donde habita. Asimismo, es apreciada en procesos de restauración, reforestación y paisajismo, siempre considerando cuidadosamente su ubicación debido a sus afiladas espinas.

En febrero, celebramos así una especie que encarna fortaleza, resistencia y una profunda conexión biocultural con el territorio.
Ilustración: Adriana María Sanín Escobar.
Cómo citar
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Espinosa-Correa, Álex},
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date = {2026-02-12},
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